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Crónica Rallye Cantabria
Infinita 2011.
Comenzábamos
nuestra temporada particular en el “rallye de
casa”. Un 14 de Mayo que esperábamos todos con especiales ganas,
ya que por diversos motivos esta sería nuestra primera carrera del 2011,
y como bien dice mi madre, “antes es Dios que todos los santos”, por lo
que la prioridad en estos meses atrás no eran las
carreras.
Las ganas de ponerme el casco eran inmensas, y no sólo por estrenar mi
nueva decoración realizada por el artista Don Niko Aurrekoetxea
(preciosa Niko, preciosa!!), sino que necesitaba salir a correr un tramo
ya. Además, el Clio también había cambiado totalmente, tanto por dentro
como por fuera…, una decoración distinta, agresiva, bonita para unos y
no tanto para otros, pero que sin lugar a dudas no
pasó desapercibida (buen trabajo Otero Racing Service). Habíamos
trabajado mucho en él durante esta pretemporada, pero la suerte, de
alguna manera, nos seguía dando la espalda…, ya que la multitud de
problemas que se iban presentando a medida que avanzábamos, hizo que no
llegáramos a tiempo para montar la nueva caja de cambios “de carreras”.
La jornada de reconocimientos fue tranquila y con la sensación de haber
hecho un buen trabajo con las notas. Tanto Ray como yo estábamos
satisfechos.
Durante el viernes, y ya con todo el equipo Perite Sport al completo se
sucedieron las verificaciones, montaje de asistencia, ceremonia de
salida, etc.
Ceremonia de salida que comenzábamos con el triste recuerdo del adiós de
nuestro amigo Rubén Saiz, al cuál
llevábamos presente no solo en nuestro dorsal con un crespón negro, sino
también en nuestra cabeza.
Ya el sábado, sobre las 6:00h. a.m. amanecíamos con
la lluvia que días atrás se venia
anunciando, por lo que ya estábamos mentalizados para encontrarnos el
TC1 San Roque-Villacarriedo en las peores condiciones de agua, niebla,
barro…, y así fue, las llamadas que nos llegaban desde el tramo nos
ponían en situación: mucha lluvia, bancos enormes
y densos de niebla, la zona de la arena y grava muy delicada y un largo
etcétera de detalles cuanto menos delicados.
Salida del TC1: 28 largos Km. nos quedaban por delante. Tenía claro que
no podía fallar en el primer tramo, sería
jugar con el trabajo de mucha gente durante estos meses atrás.
Complicado, estaba muy complicado…, muchísima niebla que dificultaba
enormemente la visibilidad, las zonas de arena y grava
deslizaban como si de hielo se tratase… y
nuestro modesto coche sufría el precio de caer de vueltas cada vez que
cambiábamos de marcha…
Los aficionados (muchos he de decir),
soportaban bajo sus paraguas y chubasqueros la fuerte lluvia y frío,
¡Chapeau por ellos!
Ya
pasada la meta, noté un fuerte temblor en la rueda delantera izquierda,
por lo que le digo a Ray, “creo que hemos pinchado”. Nos bajamos a ver,
y no… allí no había ninguna rueda pinchada, pero si que había una rueda
con las 4 tuercas flojas, apunto de
salirse…, así que tenemos que dar gracias de que no nos pasó en mitad
del tramo.
Camino ya del segundo tramo, de tan sólo 11km, pero ¡qué 11 km!, había
que tener muuuucho cuidado, las trampas eran múltiples y escondidas…
Disfruté.
Fin de la primera sección y dirección Santander, a la asistencia. No
podía creerme que no hubiese surgido ningún problema… ¿una asistencia en
la que sólo había que mirar presiones a las ruedas y limpiar? No me lo
podía creer… que maravilla!!!
Comienza la segunda sección, y durante el enlace voy pensando como poder
mejorar en el tramo 3 con respecto a mi
primera pasada por él. Supongo que la niebla haya ido a menos…, además…
,pienso en zonas en las que si apuraba un poco
e intentaba meter la 1ª velocidad el coche me caería menos de
vueltas en las salidas de según que curvas.
3, 2, 1… Salida! El ritmo era infinitamente
mejor que en la primera pasada, y efectivamente la niebla había ido a
menos. De repente, suena un “grgrrrrrr” y
la segunda no entra…, “se rompió” le digo a Ray sin creérmelo todavía…
No puede ser… ¿ya?, ¿por qué?, ¿de donde nos viene esta mala suerte?
Estábamos en el km.3 y quedaban 25 para llegar a meta. Intentamos
seguir, pero había momentos en los que parecía que el coche se iba a
parar…, la primera velocidad era muy corta, y con la tercera había
sitios en los que subíamos a 2km/h. Me adelantan ya dos coches del
regional y me planteo si parar o seguir…, debido al miedo a quedarme
atravesada en alguna zona delicada del tramo y molestar al resto de
participantes. Hablo con mi padre, y me dice
“Sigue. Hay que intentar llegar a la asistencia”. Continúo, pero
sin quitar la mirada del retrovisor, para apartarme según viese a algún
coche por detrás. La suerte o no se el qué, hizo que no me alcanzase
ningún coche más y pude llegar a la meta, 8 minutos más tarde de lo que
debería haber llegado, pero allí estaba.
La “jugada” estaba clara. Mi equipo y mecánicos ya estaban informados de
lo que pasaba, y ya tenían localizada otra caja de cambios y esperando
en la asistencia. Había que pasar el tramo 4 como fuera, para poder
llegar al Sardinero. Lo hicimos…, pero no sin antes encontrarnos a
cantidad de compañeros “tirados” por el tramo, con golpes feos…(ánimo
chic@s!!).
Reagrupamiento de una hora, algo para comer, control de alcoholemia
antes de salir del reagrupamiento, jeje, y por delante 40 minutos de
asistencia más 15 minutos de máxima penalización para cambiar una caja
de cambios. Total 55 minutos para hacerlo y poder continuar en el rallye
dentro de la legalidad. Era difícil, muy difícil.
El público se arremolinaba alrededor de nuestra asistencia…30/40
personas mirando atónitas y diciendo por lo bajo
“no les da tiempo… no lo consiguen”. Amigos y conocidos trataban
de animarnos, pero aquello pintaba muy mal… Éramos tantos los que
queríamos ayudar que terminábamos molestándonos unos a otros. Empiezan a
surgir complicaciones…, descolgar la cuna entera,
soltar dirección, etc… Nervios, juramentos, pérdida de
herramienta, falta de tornillos…, aquello se convirtió por un momento en
un pequeño caos…, pero nadie paraba.
Llegó el momento y se agotaron los minutos reglamentarios. Aún faltaba
terminar de atornillar la caja, meterla valvulina, amarrar la cuna,
cubrecarter… Era imposible y ya estábamos fuera de tiempo,
íbamos a ser excluidos.
Cuando ya estábamos a punto de parar y rendirnos, el mejor copiloto que
he conocido y amigo, Carlos del Barrio, que estaba viendo la asistencia,
me dijo: “ Seguir, seguir… No te pueden excluir hasta el final de una
sección, así que aún puedes correr los dos primeros tramos de la tarde”.
Esas palabras fueron una nueva bocanada de aire para dar el último
tirón. Y lo dimos…, vaya si lo dimos. Estaba todo listo y Dani me dice
“¡¡arranca Eva!!”, lo intento y no
arranca…,de nuevo desesperación y pensamientos de… es imposible.
Siguieron trabajando en ello y el coche arrancó. Salimos rápidamente de
la asistencia, acompañados por un inmenso aplauso de todos los que allí
estaban viendo nuestro trabajo(¡¡gracias!!).
De camino al tramo 5, Ray y yo nos centramos en salir con la cabeza
ordenada, sabiendo que íbamos sin cubrecarter, y que éstos serían
nuestros últimos tramos, ya que al llegar a Santander nos retirarían el
carnet de control y seríamos excluidos.
Corrimos el tramo 5 y 6 sin ningún tipo de problema, disfrutando como
niños pequeños y orgullosos de toda la
gente que nos había hecho estar allí, compitiendo con una caja de
cambios de una Scénic recién cambiada (y que bien iba!).
Que pena no poder volver a pasar por el tramo 6 “Ajo-Las Pilas”… ha sido
uno de los tramos más bonitos que he corrido nunca…!
A modo de anécdota, curiosa era la cara de la
gente, amigos, que habían estado viendo el cambio de caja en
nuestra asistencia, y se había marchado para los tramos de la tarde,
dejándonos allí con todo “empantanado” y pensando que no volvíamos a
salir. Ya no me esperan, y se encontraron con que volvíamos a estar en
carrera, mezclados con los coches del regional, unos
38 minutos más atrás de lo que nos
correspondía, pero allí estábamos.
Efectivamente, al llegar al reagrupamiento, nos retiraron el carnet de
control y allí acabó nuestro rallye. Al contrario de lo que podáis
pensar, estoy muy muy contenta con nuestro
Rallye Cantabria Infinita, ya que lo que hicimos en aquella asistencia
no soy capaz de describirlo como se merece.
Tengo que daros las gracias a todos vosotros que trabajasteis en el
coche sin importaros de si daría tiempo o no, o de si sólo sería para
dos tramos más: Dani Autodisa, Pepín, Vitu, Toñito,
Luilli, Joel, Papá, Mamá, Ray, Laura… ¡¡Sois los mejores!!
Nunca hemos dejado de hacerlo, pero no tiramos la toalla y seguiremos
trabajando en nuestro coche para conseguir que se termine esta mala
racha.
Gracias a todos por todo,
Eva.
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